¿En qué estadio moral habito?

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Guillermo Llona escribía en ABC en 2013 sobre los 45 años de la matanza de Mylai, 16 de marzo 1968 (Guerra Vietnam: 1965-1975), (si quieres acceder al artículo clickea AQUÍ), donde se registró el asesinato de medio millar de civiles en la aldea vietnamita de Mylai por una compañía del Ejército de EEUU. Hubo un enjuiciamiento posterior y encausado con cargos criminales a su teniente, el cual alegó que recibió órdenes superiores y no hizo más que lo que sus superiores esperaban que hiciese. Igualmente, hubo soldados que alegaron algo similar: “recibí órdenes y ejecuté”. Otros citaron: “recibí órdenes, las consideré injustas, y me disparé en el pie”. Sólo un piloto se dio cuenta de lo que estaba pasando y protegió y evacuó en su helicóptero a las personas que pudo. Nos recordó Tomás esta tragedia para explicarnos la Teoría de los Estadios Morales del psicólogo estadounidense Kohlberg, que he procurado simplificar en el gráfico insertado a continuación. ¿En qué estadio clasificarías al que se dio un tiro en el pie? ¿Y al piloto que salvó vidas con su helicóptero?
Refresco la inhumana historia de Mylai, porque, a raíz de los recientes acontecimientos relacionados con los refugiados, los inmigrantes y el Aquarius como caso puntual, me estoy preguntando en qué estadios morales se encuentran ubicados los políticos europeos. Aunque por aquello de “a imagen y semejanza”, mejor debería preguntarme en qué moral habita incluso el “españolisto”, perfil en el que me incluyo. Sí, ése que se envalentona y se la va la fuerza por la boca, ya sea en un partido de fútbol, una reunión de amigos o una comida familiar, pero que luego, a la hora de la verdad, ya sea en una moción de censura, unas elecciones, en un congreso de formación o en la defensa de un derecho fundamental, no está o no se le espera porque se le ha visto escondido en la manada con el rabo entre las piernas, obedeciendo por automatismo y respetando las normas por imperativo legal, es decir, por el poder del que las dicta o el resultado de su ejecución. ¿Obediencia, Pragmatismo? Puede que un manojo habiten los pisos de la convención colectiva. Algún que otro iluminado hasta puede que por derecho propio o equivocación (Quién sabe) haya subido hasta el estadio del consenso sobre los derechos de los demás, pero sería absurdo pensar que los representantes políticos e institucionales (organizaciones empresariales y sindicales incluidas), ya sean de ámbito local, regional o nacional, tengan ocupadas la planta donde lo recto y lo justo dependen de un juicio de conciencia sobre los principios universales. Les va más la política de desinformación, de manipulación de la historia y de tierra quemada.

Vigilantibus non dormientibus iura succurrunt

Hace unos años, en clase de Derecho Procesal nos comentó el profesor la frase latina Vigilantibus non dormientibus iura succurrunt, legendaria cavilación que traducida con mi latín de los Montes de Málaga dice algo así como que "el Derecho favorece a los que se encuentran atentos, no a los que dormitan". Me acordé de esta locución latina cuando leí en la prensa de mi país que, en el marco del Caso Nóos, una vez cerrada la fase de instrucción, el fiscal se sacó de la manga un nuevo informe que, parece ser, beneficia a su cliente (ver noticia en El Mundo) y que, según las fuentes leídas, va en la misma línea que los informes descartados por la instrucción y por la Audiencia Provincial. En este hito del proceso, el Tribunal sí ha escuchado al fiscal y ha admitido el informe.
Dormido procesalmente el juez instructor, es decir, por imperativo legal, el fiscal siguió en la vigía y, motu proprio, impericia descartada, entrega documentación elaborada por la Agencia Tributaria, supuestamente en la misma línea que los reiterados informes que en la instrucción fueron presentados al Juez Castro, donde se excluía la comisión de un delito por parte de la Infanta y que no convencieron al instructor. En fin. Ese motu proprio y la frase que abre este texto, me recuerda también la doctrina de los actos propios, con su otra legendaria cavilación: Nemo auditur propriam turpitudinem allegans; que traduzco por “Nadie puede ser escuchado, invocando su propia impericia” y que, obviamente, aún no es de aplicación en el caso que nos ocupa (Fuente de las imágenes: pixabay y elaboración propia).